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domingo, 22 de junio de 2014

EDUCAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA.




“Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más probabilidades de sentirse satisfechas, y ser eficaces en sus vidas, y de dominar los hábitos mentales que favorezcan su propia productividad” Daniel Goleman.

Edgard Torndicke (1920) en su inteligencia social, definió el término de inteligencia emocional como la “habilidad para comprender y dirigir a los hombres y mujeres y actuar sabiamente en las relaciones humanas".

Sin embargo, me gusta el concepto que da Gómez (2011) “es una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la agilidad mental, etc. Estas características configuran rasgos de carácter como: la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social.”

De allí la importancia que tiene la formación  de un aprendizaje  social y emocional en la educación de los niños, educar  social y emocionalmente  desde  temprana edad  da lugar a grandes ventajas en la salud y en el desarrollo personal, académico y profesional de los individuos.

Ahora bien, los principales fundamentos para la formación de la inteligencia emocional se basan en capacitar al individuo en las siguientes competencias:
1. Autoconocimiento
Capacidad para conocerse uno mismo, saber los puntos fuertes y débiles que todos tenemos.
2. Autocontrol
Capacidad para controlar los impulsos, saber mantener la calma y no perder los nervios.
3. Automotivación
Capacidad para realizar cosas por uno mismo, sin la necesidad de ser impulsado por otros.
4. Empatía
Capacidad para ponerse en la piel de otros, es decir, intentar comprender la situación del otro e intentar saber cómo va a reaccionar.
5. Habilidades sociales
Capacidad para relacionarse con otras personas, ejercitando dotes comunicativas para lograr un acercamiento eficaz.

Al desarrollar estas competencias en nuestros niños y adolescentes lograremos formar individuos asertivos, que saben defender las propias ideas pero respetando las de los demás, que saben enfrentarse a los conflictos en vez de ocultarlos, que aceptan las críticas cuando estas le ayudan a mejorar. Lograremos individuos proactivos con capacidad para tomar iniciativas ante oportunidades o problemas, responsabilizándose de sus propios actos, así como personas con capacidad creativa para observar el mundo desde otra perspectiva.



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