“Las
personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más
probabilidades de sentirse satisfechas, y ser eficaces en sus vidas, y de
dominar los hábitos mentales que favorezcan su propia productividad” Daniel
Goleman.
Edgard Torndicke (1920) en su
inteligencia social, definió el término de inteligencia emocional como la “habilidad
para comprender y dirigir a los hombres y mujeres y actuar sabiamente en las
relaciones humanas".
Sin embargo, me gusta el concepto que da
Gómez (2011) “es una forma de interactuar
con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades
tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el
entusiasmo, la perseverancia, la agilidad mental, etc. Estas características
configuran rasgos de carácter como: la autodisciplina, la compasión o el
altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación
social.”
De allí
la importancia que tiene la formación de
un aprendizaje social y emocional en la
educación de los niños, educar social y emocionalmente
desde temprana edad da lugar a grandes ventajas en la salud y en
el desarrollo personal, académico y profesional de los individuos.
Ahora
bien, los principales fundamentos para la formación de la inteligencia
emocional se basan en capacitar al individuo en las siguientes competencias:
1. Autoconocimiento
Capacidad para conocerse uno mismo,
saber los puntos fuertes y débiles que todos tenemos.
2. Autocontrol
Capacidad para controlar los impulsos,
saber mantener la calma y no perder los nervios.
3. Automotivación
Capacidad para realizar cosas por uno
mismo, sin la necesidad de ser impulsado por otros.
4. Empatía
Capacidad para ponerse en la piel de
otros, es decir, intentar comprender la situación del otro e intentar saber
cómo va a reaccionar.
5. Habilidades
sociales
Capacidad para relacionarse con otras
personas, ejercitando dotes comunicativas para lograr un acercamiento eficaz.
Al desarrollar estas competencias en
nuestros niños y adolescentes lograremos formar individuos asertivos, que saben
defender las propias ideas pero respetando las de los demás, que saben enfrentarse
a los conflictos en vez de ocultarlos, que aceptan las críticas cuando estas le
ayudan a mejorar. Lograremos individuos proactivos con capacidad para tomar iniciativas
ante oportunidades o problemas, responsabilizándose de sus propios actos, así
como personas con capacidad creativa para observar el mundo desde otra
perspectiva.










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